Archivos para Noviembre 2006

“Tiempo al tiempo”, de Ignacio Buqueras

El subtítulo de esta obra puede conducir a error. Reza así: “Un nuevo método de organización y utilización del tiempo”.

Uno puede pensar que está ante un nuevo método Covey-Franklin o ante la versión española del GTD de David Allen, pero no. De lo que habla este libro no es de un método, sino de una revolución pendiente en España: la de volver a unos horarios (laborales y personales) que entren dentro de lo racional y sean más fácilmente armonizables con los de nuestros vecinos-socios europeos.

Y no es que no se hable de organización del tiempo, pero es que no se trata el aspecto personal, del que nace y al que vuelve toda organización social, ni la responsabilidad absolutamente individual del uso del propio tiempo.

Dicho esto, no vamos a negar que la causa de Buqueras y la Fundación Independiente es justa y necesaria. Es cierto que si todos nos pusiéramos de acuerdo en hacer las comidas a horas más saludables (lo de cenar a las diez y medio u once, estropeando el primer sueño, es una aberración para el resto del mundo, por lo que se ve), o si las cadenas de televisión decidieran emitir los informativos a las ocho y las películas a las nueve (para que podamos acostarnos antes de medianoche) todo nos iría mejor, y estaríamos mucho más despejados en la videoconferencia de las ocho de la mañana con el jefe de Bruselas.

Éste es un debate interesante que acabará brotando por necesidad cuando nos empecemos a tomar más en serio la conciliación de la vida personal y familiar y la exigencia de aumentar nuestra productividad, no para trabajar más, sino mejor y en menos tiempo.

El valor del tiempo, según Trías de Bes

Esta categoría -”De jardines ajenos…”- tratará de recoger ideas interesantes que he leído o escuchado acerca de los temas que nos interesan: el tiempo, su valor, su administración, la organización personal…

Para empezar, aporto una perla que acabo de descubrir. En el libro “Tiempo al tiempo”, de Ignacio Buqueras (uno de los promotores más activos -si no el más visible- de la racionalización de horarios en España…. de lo que hablaremos en otro post), el autor cita un microcuento de Fernando Trías de Bes, co-autor del éxito editorial “La buena suerte”. Es éste:

“Érase una vez un hombre que se quejaba de que nunca tenía tiempo, lo que enojó mucho (¡pero que mucho!) a sus minutos, quienes habrían jurado que duraban como los demás”.

Pues eso, una perla: pequeño, brillante y muy valioso.

Comencemos por el final

La aparente paradoja del título de este post no es más que eso… aparente. Me explico: en lo que se refiere a la organización personal -a la eficiente, la que nos lleva a conseguir los resultados que buscamos-, todo ha de empezar por el final, por definir bien lo que queremos obtener.

No voy a citar una vez más el célebre aforismo de “para quien navega sin rumbo no hay viento favorable”, por más que sea brillante y acertado. Sin embargo, bajando al día a día, parece cierto que tratar de organizarse sin tener claros los objetivos -el para qué- conduce rápidamente a la desmotivación, a perdernos en las reglas de método y en sus límites. Cuando nos fijamos metas, éstas actúan como un faro y tienen el poder de liberarnos de la sensación de angustia que produce a veces el día a día, la interminable lista de tareas o una agenda sobrecargada de citas ineludibles, porque somos capaces de ver, allá donde luce su lámpara intermitente, la razón y el propósito de lo que hacemos.

Por eso, en la cabecera de este blog hemos puesto como imagen central una brújula, que es la que marca el norte de nuestras acciones; y por eso le acompañan, a diestra y siniestra, una lupa -la atención- y un reloj -el ritmo, los plazos-. Pero esos serán temas de otro post.