Archivos para Julio 2007

Un secreto: El mejor truco de gestión del tiempo

En los cursos que imparto y por mi labor como coach en gestión del tiempo me preguntan con frecuencia cuál es el mejor truco para organizarse mejor. Incluso fuera del ámbito profesional, en la medida en que mi organización personal me permite hacer más cosas de lo que debe de ser la media nacional, escucho a menudo eso de ¿cómo lo haces para llegar a todo?

Bien, lo contaré. Eso sí, he de hacer antes una advertencia. Como cualquier remedio radical, no siempre resulta fácil de tragar y tiene efectos secundario.

Allá va: desde hace años, procuro no hacer nada que no desee verdaderamente hacer. Lo advertí, es radical y duro.

Sin embargo, es profundamente transformador. Centrarte en cualquier cosa que no desees, cualquier relación que no te llene, cualquier trabajo que no te satisfaga, cualquier tarea que no te atraiga es desmotivador. De hecho, esa suele ser la raíz de nuestra tendencia a postergar y dejar las cosas para otro momento. Por el contrario, cuando sabes que el programa del día está basado en cosas que tú mismo has decidido abordar y que todas ellas tienen sentido para tu propia vida… ah! No necesitas despertador para ponerte en marcha por la mañana y, por la noche, caes en la cama con una sonrisa beatífica (bueno, tal vez exagero, pero la sensación se parece bastante).

Las pocas personas a las que he contado hasta ahora este secreto han torcido el gesto y han dicho (no sé si en tono de rendición o de profunda decepción): “pero, eso no lo puedo hacer”. Fin de la conversación sobre el mejor truco de gestión del tiempo del mundo.

Pero sí se puede, siempre que uno esté dispuesto a asumir las consecuencias de no hacer aquello que no desea hacer. Algunas son drásticas -cambiar de trabajo, de pareja, o de bando…- , otras pueden dañar tu reputación -dejar de acudir a citas, no devolver llamadas, disgustar a tus padres…-, y las menos peligrosas simplemente te limitan algunos placeres (no cocinar, no reponer la bodega…).

En cualquier caso, superadas las penurias y los sofocos, siempre, siempre merece la pena y el esfuerzo. Puedo prometer y prometo que así es.

Segundo secreto: El truco del truco

Como todas las astucias, el gran truco tiene truco. Si la elección de lo que nos gusta o nos disgusta es aleatoria y caprichosa, nuestra gestión del tiempo -y, por lo tanto, nuestra vida- andará a la deriva como un velero sin timonel. El metatruco consiste en conocer lo que uno realmente desea para su vida, en los términos más profundos y a la vez más concretos. Así resulta más sencillo renunciar a fastos y boatos, a reconocimientos ajenos y has a pequeños placeres, como el caminante que renuncia a una fuente a la orilla del sendero porque sabe que, un poco más lejos, encontrará un manatial fresco.

Posdata: H y D, y sus teorías del secreto, me han animado a contar uno de los míos. Y D me ha instigado a retomar este blog para confesarlo.