Hoy he asistido a la tercera jornada de un interesantísimo curso de Conducción Segura en Prevensis.
El planteamiento del curso ha sido excepcionalmente pensado y tiene como objetivo crear en el conductor comportamientos más seguros y una mayor competencia preventiva al volante. Además de la calidad de la formación, me ha gustado especialmente el modo en que se trabaja el cambio de actitudes en el conductor.
¿Qué tiene esto que ver con la gestión del tiempo? Para empezar, tanto la conducción como la organización personal se basan en habilidades aprendidas en un momento determinado de nuestras vidas y que, después de un tiempo, se convierten en hábitos o rutinas casi inconscientes. Además, en caso de mal uso de esas habilidades, nos jugamos la vida: literalmente cuando hablamos de conducción; metafóricamente si se trata de la organización personal (nos jugamos disfrutarla, lograr nuestras metas y vivirla como deseamos).
En una conversación colateral, hoy hemos charlado sobre el ciclo del aprendizaje de las competencias, que tanto nos gusta a los que nos dedicamos a la formación. Resumido y comparado sería algo así:
1. Etapa de la incompetencia inconsciente: no sabemos que no sabemos hacer algo.
- Conducción: Antes de sacar el carné de conducir -y en algunos casos, poco después de obtenerlo- creemos que eso de llevar el coche por nuestra cuenta no debe de ser tan difícil. Algunos temerarios, incluso, se lanzan por calles conocidas a demostrar su “arrojo”. Como decía hoy el formador: un golpe contra la columna del aparcamiento con el coche de papá puede suponer el momento de ruptura en esta etapa.
- Organización personal: Uno se organiza como siempre lo ha hecho –aunque nunca antes haya tenido las responsabilidades y compromisos que ahora tiene-, porque le ha funcionado y porque es así su personalidad. Utiliza técnicas de las de “para ir tirando”, hasta que una crisis, un exceso de trabajo o un problema en el hogar le llevan al momento de ruptura.
2. Etapa de incompetencia consciente: tras la ruptura, ahora sabemos que no sabemos hacer algo y buscamos el modo de solucionarlo.
- Conducción: Después del golpe –literal o metafórico-, el incompetente ahora consciente se da cuenta de que debe adquirir alguna habilidad antes de volver a lanzarse con el vehículo y se apunta a la autoescuela.
- Organización personal: Uno se plantea aprender a organizarse de “otro” modo para lograr “otros” resultados.
3. Etapa de competencia consciente: sabemos que sabemos hacer algo y lo ponemos en práctica.
- Conducción: El momento en que el conductor novel se siente seguro a los mandos de su coche. Todavía tiene que pensar algunas maniobras o reflexionar antes de tomar algunas decisiones, como el cambio de marchas, por ejemplo. Utiliza su competencia conscientemente, lo que le exige un esfuerzo de atención.
- Organización personal: Uno ha aprendido técnicas y estrategias de gestión del tiempo y las aplica diligentemente. Tiene que pensar qué debe anotar y dónde, cómo archivar apuntes y documentos, reflexiona denodadamente para establecer prioridades que le permitan estructurar su jornada… Todo requiere un cierto esfuerzo de atención, pero los frutos son apreciados.
4. Etapa de competencia inconsciente: sabemos que sabemos hacer algo, pero lo hemos interiorizado de tal modo que ya no nos exige un esfuerzo de atención.
- Conducción: Éste es un momento crítico, porque nos sabemos buenos conductores y la mayoría de las decisiones al volante están automatizadas, lo que puede provocar una sobrevaloración de nuestras aptitudes, un exceso de confianza y, como consecuencia, un mayor riesgo de susto o accidente, lo que, de nuevo, crearía una ruptura en el ciclo de aprendizaje (cuando menos, sería deseable que tras un incidente, el conductor volviera a la etapa de incompetencia consciente para recomenzar el ciclo).
- Organización personal: Uno vuelve a acomodarse en sus técnicas, las que le han sacado del apuro tras la crisis, el exceso de trabajo o el problema familiar.Las utiliza de modo rutinario, sin necesidad de pensarlas. Pero la vida cambia rápidamente y la gestión del tiempo es –como ya se habló en otro lugar- la gestión de la vida. En nuestra posición acomodaticia, seguimos las rutinas por inercia, pero puede que haya entrado en nuestro horizonte un proyecto que exige un seguimiento distinto, una tarea frecuente pero crítica o incluso la necesidad absolutamente personal de replantearnos de nuevo el propósito de nuestra vida y los objetivos que nos llevarán a él. La incapacidad para ajustar nuestra forma de organizarnos a las nuevas circunstancias pueden provocar el momento de ruptura –en forma de susto o accidente-, y sólo se resolverá volviendo a la etapa de incompetencia inconsciente para recomenzar el ciclo… aunque no en círculo, sino en espiral creciente, porque cuando el ciclo de aprendizaje se aplica a la vida –como en el caso de la gestión del tiempo-, lo vivido se acumula en forma de experiencia y crea una base sobre la que se apoya la espiral para crecer.
Al final, se trata de aprender a conducir la vida, ¿no?
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