A más cómo, menos por qué

Uno de los libros más fascinantes que he leído en los últimos 13 meses es “A más cómo, menos por qué” de Jorge Wagensberg. Lo compré en la tienda de una estación de tren en julio de 2006, por la pura atracción de su título. El autor es doctor en física y la obra se recoge en la colección Metatemas (“libros para pensar la ciencia)” de Tusquets: sumando ambos datos al sugerente título, ya había caído en la pura fascinación, que no hizo sino aumentar con la lectura. 747 aforismos sobre la verdad, el gozo, la palabra, los números, lo humano… y un epílogo con prólogo propio (genial, circular, casi perfecto) al que siguen nueve reflexiones y que termina con “Aproximación a una copa de vino tinto”.

¿Y qué tiene que ver con la organización personal?

A parte de unos cuantos aforismos que acarician tangencialmente el tema (“262. El peso de un intervalo de tiempo no se mide por su duración, sino por la cantidad de cambio ocurrido durante el mismo”), el propio título me dio para pensar y experimentar con mi vida largamente acerca de la importancia relativa (inversamente proporcional) de los cómos y los porqués.

Reflexiones: a la hora de organizar nuestra vida, buena parte de los bloqueos suceden cuando nos preguntamos cómo hacer las cosas, y la mayoría de ellos se resuelven cuando nos cuestionamos su porqué.

Casos ejemplares:

  • Qué: dejar de fumar/hacer ejercicio regularmente/escribir un libro/terminar este informe para el jefe… cualquier propósito que requiera un mínimo de organización.
  • Cómo: aquí caben millones de planes, tantos como “qués” multiplicados por las personas que se los proponen como proyecto. De esos mil -las estadísiticas son completamente intuitivas y nada científicas-, pongamos que el 30% son irrealizables, otro 30% demasiado cándidos y/o utópicos, 20% posibles pero durísimos y el 20% restantes no sólo posibles sino también factibles. Sucede lo siguiente:
    • Los humanos, cuando tratamos de organizarnos, entramos en un modo “planificación” que -a unos más que a otros- nos seduce como un sudoku. Empezamos a jugar con posibilidades, a prever derivas y derrotas, a visualizar resultados… y nos encontramos tan cómodos en ese mundo irreal (en realidad, pre-real) que somos capaces de que acurrucarnos en él como en la concha de una caracola disfrutando de los sonidos distorsionados del mar (suena un poco a la caverna de Platón, ¿no?). El modo planificación engancha de tal manera que algunos hasta programamos los ratos de programación… para seguir soñando, supongo.
    • En el proceso de selección de de los planes, sufrimos un terrible desgaste de energía.
    • Llegamos al momento de decidir y actuar (elegir el plan y ponerlo en marcha) agotados y añorando el estado ilusorio (más bien lisérgico) de pensar y pensar y pensar planes.
    • Como consecuencia de todo ello, nos bloqueamos, no nos vemos capaces de tomar una decisión y mucho menos de iniciar la acción en el plano real, es decir, ahora.
  • Por qué: En ocasiones -muchas-, el bloqueo se resuelve olvidándonos del cómo y buceando hacia el porqué. ¿Por qué quiero dejar de fumar/hacer ejercicio regularmente/escribir un libro/terminar este informe para el jefe…?
    • Algunos de los propósitos no resistirán el embate de la pregunta, no hallaremos una razón suficientemente vinculada con lo que realmente queremos para nuestra vida. Es el momento de apartarlos y dejarlos caer de nuestra lista de objetivos.
    • Los que aguanten, probablemente saldrán fortalecidos del interrogatorio. Ahí tenemos algunos objetivos por los que merece la pena luchar (ah! sí! es que nadie dijo que esto de vivir fuera fácil). Los propósitos salvados tras la criba se verán, además, impulsados por una mayor motivación (motivus -movimiento en latín- y acción, es decir, lo que mueve, las razones para la acción), lo que nos animará a permanecer menos tiempo en el “modo planificación” y más en el de los hechos.

Caso real (no relacionado directamente con el tema, pero es interesante a la par que divertido): Desde que empecé a experimentar con el “más por qué”, mis discusiones de pareja han mejorado notablemente. Ante una disparidad de pareceres, antes de enzarzarme en una cháchara interminable o una escalada decibelios, borro de mi mente todos los cómos (cómo ha podido hacerme esto, cómo hemos llegado a este punto, cómo quieres que me lo tome, cómo no te has dado cuenta…) y empiezo a plantearme porqués (por qué me merece la pena esta discusión, por qué pretendo que cambie, por qué poderosa razón dejaría que este desacuerdo desemboque en algo más profundo…). Casi siempre acabo riéndome y pasando de discutir. Vamos, que me hace ganar mucho tiempo y energía. He ahí la relación.

5 Respuestas a “A más cómo, menos por qué”


  1. 1 QuéCuriosa Agosto 21, 2007 a las 9:16 pm

    ¿Y el pero? donde está el pero…que no lo veo por ninguna parte….Qué: dejar de fumar. Cómo: Evidentemente, lo tendré que dejar sufriendo, por qué: por prescripción médica. Cuadra. Todo cuadra….pero….¿y si no me da la gana? ….uhmmmm…Ah…entonces me voy al post anterior y pienso que lo que no quiero es dejar de fumar…pero….

    :-)

    Te adopto como blog de cabecera.
    Salud y curiosidad

  2. 2 mastiempo Agosto 22, 2007 a las 7:59 pm

    Gracias por la adopción. En un momento u otro, todos necesitamos que nos lean por lo que somos, y no sólo por lo que parecemos (¿o era al revés?).
    Vamos al caso. Si el porqué de dejar de fumar es la prescripción médica, creo que yo tampoco lo dejaría; es más, ni lo intentaría. Ahí encontraría mil peros. Ciertamente.
    Del mismo modo, si el porqué de no matar es la cárcel, el de no pegar a tu mujer es la orden de alejamiento, el de no ir a 160 km/h es la multa… habrá más peros que en el “porompompero”.
    Los porqués son propios, íntimos y personales. Como diría los psicólogos, creo, nacen del “locus de control interno”, de lo que uno mismo quiere para su vida. Y la motivación de la prescripción médica sólo funcionaría si el facultativo es propio, íntimo y personal (aunque, tal vez es el caso, ¿no?).

    Aporto pistas de cosecha propia: porque quiero correr una maratón antes de los 50, quiero no pasar más miedo antes de las revisiones médicas, quiero retozar con mis pequeñas bestias sin perder el aliento, quiero no depender de lo que puedo no depender…

    Piense, Curiosa, piense. Puede que encuentre otros porqués.
    Y si no acaba de funcionar, pruebe este truco: en vez de pensar por qué (causa), piense en el “para qué” (fin).
    Y, por favor, informe de los progresos.
    Gracias, de nuevo.

  3. 3 juananruiz Agosto 23, 2007 a las 4:15 pm

    Genial tu comentario del libro, sospecho que supera al propio libro pero intentaré hacerme con él. Tal como tú lo planteas tendrías que haber titulado el artículo: “A más porqué menos comos” y creo que das en la tecla de algo que nos pasa a todos los que somos inquietos y mentalmente hiperactivos. En serio, su lectura ha supuesto para mi una especie de iluminación. Gracias mil, es la primera vez que llego a tu blog, voy a curiosear un poco por aquí, con permiso…

    Por cierto me llamo Juan Antonio, cultivo un pequeño blog en http://zumodewiki.wordpress.com/ y un gran wiki en http://wiki.us.es/juanan/.

  4. 4 mastiempo Agosto 23, 2007 a las 5:13 pm

    Gracias, Juanan, y bienvenido. Efectivamente, la hiperactividad mental y la inquietud son los campos de cultivo preferidos por los “cómos”. Por el contrario, los porqués crecen más cómodamente en la serenidad y la distancia emocional. Elegir un solo terreno trae problemas:
    - demasiado tiempo en el cómo: ansiedad, comenzar mucho y terminar poco, picotear en mil proyectos y perseguir pocos objetivos…
    - demasiado tiempo en el porqué: ensoñación, postergación, idear muchas cosas y comenzar pocas…
    Para algunos, la virtud, como decía Aristóteles, está en el punto medio. Pero cabe otra posibilidad: saltar de un lado a otro en función de lo que exige el momento, con pasión e intensidad en ambos casos. Nunca nada a medias.

  5. 5 Ángel M. Septiembre 17, 2007 a las 9:17 am

    Realmente interesante. Me apunto el libro. Respecto al tema de las discusiones, recomiendo vivamente el “Inteligencia Emocional” de Goleman. Realmente las cosas, las relaciones, las personas, se ven de manera muy distinta después de leerlo. Debería ser asignatura obligatoria en los institutos.


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