Tiempo y vida. Otra perla para pensar…

Habitualmente, para hablar de la importancia del tiempo se echa mano de una célebre frase de Benjamín Franklin (publicada en su Almanaque del pobre Ricardo, siglo XVIII): “¿Amas la vida? Pues entonces no desperdicies el tiempo, porque el tiempo es la sustancia de la que está hecha la vida”.

Releyendo “El valor del tiempo”, de Ángeles Durán (Espasa, 2007), me encuentro con este otro concepto: “…ese sutil y fugaz alimento de la vida que es el tiempo”.

Me gusta la delicadeza con la que coloca la importancia del tiempo en su justa medida. El tiempo es valioso, desde luego, pero no “es” la vida, sino que la alimenta, cosa bien diferente.

Al fin y al cabo, cuando estamos viviendo de verdad, no solemos ser conscientes del paso del tiempo, lo ignoramos, porque nos salimos de él y nos colocamos en otro plano: el de la vida.

Uno no es aquello de lo que se alimenta. Uno necesita ineluctablemente el alimento, sí, pero antes de nada, necesita ser (perdón por liar tanto una reflexión tan sencilla).

Si trasladamos la analogía al tiempo y la vida, resulta que la vida necesita inevitablemente al tiempo, pero antes debe ser vida.

Y ahora me estoy preguntando si todas las necesidades de tiempo que nos generamos van a parar a esa vida o, desafortunadamente, a algún sucedáneo del participio de vivir.

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